Publicamos el mensaje que nos compartió Yolaine Couder, cofundadora del Movimiento ATD Cuarto Mundo en España junto a Bruno Couder, en la celebración de nuestro 30 aniversario.

Queridos amigos, queridas amigas,
En estos días en los que recordamos los 30 años de existencia del Movimiento ATD Cuarto Mundo en España, me invitáis a mirar con vosotros los progresos realizados, y os lo agradezco. Sí, la emoción es inmensa, pero el orgullo y la gratitud que siento hacia vosotros lo son aún más. Me atrevo a apostar que, allá donde esté, Bruno tiene los mismos sentimientos. Nos encantó esta aventura con vosotros en tierras españolas. Marcó y fortaleció nuestra vida de pareja y de familia, nuestra vida de voluntarios permanentes, nuestro amor por los más pobres y por el resto de personas de la sociedad, nuestro amor por el Movimiento y por su fundador, Joseph Wrésinski, que nos puso en camino.
Probablemente sepáis que Bruno y yo llegamos a España, con nuestros 5 hijos, en septiembre de 1992. Nuestra llegada se produjo después de 2 años de presencia en Zaragoza de una pareja de voluntarios permanentes (Gaëlle y Bertrand Clerc) a petición de un Hermano de la Salle. El Movimiento decidió continuar con esta presencia yendo a Madrid para establecer una rama nacional del Movimiento. Tuvimos total libertad para orientar e iniciar la puesta en marcha del movimiento en España. Fue vertiginoso, como os podéis imaginar. Nos sentíamos tan pequeños frente a la tarea que teníamos por delante… ¡Y además teníamos que aprender el idioma!
En nuestra mochila llevábamos 18 años de compromiso y alguna experiencia de terreno con niños y adultos en barrios difíciles de Francia, así como alguna experiencia de trabajo con instituciones sociales y políticas francesas. Teníamos también a nuestros hijos e hijas que fueron, todos esos años, un verdadero apoyo, verdaderos animadores, ya que querían tanto como nosotros que esta misión diera frutos y fuera un éxito.
Nuestra obsesión era averiguar qué se estaba haciendo ya en España en materia de lucha contra la pobreza extrema. Bruno, más atrevido que yo, tomó su bastón de peregrino para ir valientemente al encuentro de personas de la Iglesia, responsables de editoriales, actores del mundo político, cultural o asociativo, buscando consejos y experiencia valiosas.
Con algunos de ellos pudimos identificar los lugares donde podíamos ofrecer lo que era importante para nosotros. Elegimos ir a barrios donde no intervenía ninguna otra asociación. Apostamos por una forma sencilla de entrar en contacto con las familias y sus hijos: la Biblioteca de Calle. Era una de las herramientas que llevábamos en nuestra mochila, ya la habíamos experimentado en Francia y sabíamos cuánto querían los padres y madres de los niños que sus hijos aprendieran de los libros. Pero no podíamos empezar sin la implicación de los jóvenes o no tan jóvenes españoles, ni sin el consentimiento de padres y madres, que se preguntaban qué hacían estos franceses en su barrio y si no serían una amenaza para sus hijos… Eso hizo que tuviéramos que frenar nuestro entusiasmo por empezar… Pero no nos arrepentimos, porque nos hizo descubrir que sin el compromiso de la gente del país, no podíamos avanzar.
Al mismo tiempo, tuvimos que desarrollar una secretaría, encontrar un local, buscar financiación, donantes, traducir libros al español para que la gente entendiera la filosofía Wrésinski y el espíritu Tapori… y una vez más llegó una ayuda inestimable de personas de todos los orígenes culturales o sociales. Además, Tapori nos abrió al contacto con ATD en América Latina…






Durante todos estos años, nunca hemos dejado de reunirnos y reunir a los diversos actores necesarios para reducir la exclusión y la pobreza y construir una dignidad igual para todos.
Queríamos que las personas de España amaran a este Movimiento que nos había cambiado la vida, que amaran a su fundador, que amaran encontrarse y compartir buenos momentos con los pobres como si fueran sus hijos, sus hermanos, sus hermanas, etc. Queríamos vivir juntos esta convicción de que «la pobreza no es inevitable, que solo los seres humanos pueden destruirla construyendo una tierra unida en la que cada uno de nosotros haya puesto lo mejor de sí mismo antes de morir». Que juntos hiciéramos nuestra la convicción de San Vicente de Paul: «Todo nace de una vida compartida«, a la que Joseph Wresinski estaba tan apegado…
Sí, queríamos que la vida de los más pobres cambiara, ganar amigos de todos los ámbitos de la vida, ganar respeto, queríamos que cambiara la visión que la sociedad tenía de ellos, queríamos conocernos…
Sabíamos algo que sigue siendo verdad, que todo esto no se puede hacer de la noche a la mañana, que para forjar vínculos sólidos se necesita paciencia, confianza y humildad, que hay que superar los fracasos aparentes. Volver a poner constantemente el trabajo en el telar como saben hacer las tejedoras… Y también debemos alegrarnos en todos los pasos adelante, por pequeños que sean…





Tuvimos que abandonar esta tierra española en el verano del 1999 porque el Movimiento Internacional nos necesitaba en otro lugar. Con gran pesar, regresamos a Francia con el corazón lleno de un sentimiento de incompletitud, de no haber terminado la tarea, pero al mismo tiempo teníamos plena confianza porque vosotros, queridos amigos y amigas, continuasteis haciendo crecer lo que habíamos sembrado juntos y que recién comenzaba a germinar… También ofrecisteis al Movimiento vuestra disponibilidad, algunos para poder alejaros de vuestro país como voluntarios permanentes, otras a través de la reorganización de vuestra vida profesional para perseguir un compromiso sostenido desde la alianza, viniendo a formaros en el Centro Internacional de Francia, participando en sesiones de militantes Cuarto Mundo, aliados o voluntarios permanentes… A través de todos esto habéis hecho y hacéis todavía que ATD España exista dentro del Movimiento Internacional.
Y aquí estamos, al final de 30 años en este camino compartido, con nuestra realidad del momento, con el pelo un poco más blanco, con diferentes formas de compromiso, pero con el mismo amor.
Por todo esto quiero ofreceros a todos mi gratitud y admiración. Gracias por todo lo que sigue existiendo gracias a vuestro compromiso, a vuestra valentía, a vuestra tenacidad para actuar, para imponer que todas las personas tenemos la misma dignidad, en vuestro país, en Europa o en el mundo, y también por aceptar misiones aunque a veces os puedan parecer inaccesibles.
Gracias por vuestro amor a las personas más rechazadas y al Movimiento ATD Cuarto Mundo. Gracias por vuestra preocupación por proponer este camino de vida a jóvenes y mayores, en todas las condiciones, para seguir construyendo juntos el Movimiento, paso a paso, en España y en todo el mundo, respetando a cada persona y sin dejar a nadie al lado de un camino, a menudo tan árido.
Estoy orgullosa, feliz y muy emocionada de saber que seguís presentes, como lo habéis estado con nosotros desde el principio. Y me atrevo otra vez a creer que Bruno lo está aún más.
Os deseo muchos años más en este compromiso que nos hace ver y amar la vida desde un ángulo tan significativo.
Con mi profundo cariño
Yolaine