El pasado 2 de abril, en el Encuentro de Participación de EAPN España celebrado en Cáceres, nos entregaron el premio a la facilitación del cambio social. Un premio que nos llena de orgullo, pero que no es solo nuestro, sino de todas y todos los que luchan día a día contra la extrema pobreza, allá donde se encuentren. Un premio que nos gustaría que ayudara a reconocer la participación efectiva de quienes son empujados hacia los márgenes y la invisibilidad, como explicaron nuestros compañeros José y Jaime al recogerlo:


«En primer lugar queremos agradecer en nombre de todas las personas en situación de exclusión que cada día esperan y actúan para que su situación cambie que se nos haya concedido este reconocimiento por ser facilitadores de cambio social.
Nos gustaría aprovechar este momento para poder explicar con detalle a qué personas, a qué luchas y a qué cambios se está entregando este premio.
Para muchas personas que viven y han crecido en situaciones de exclusión social y pobreza extrema la participación es algo inalcanzable, no es algo real en tu vida. ¿Cómo voy a participar libremente si ya en el parque infantil a mis hijas e hijos los apartan de los de los demás porque son mala influencia?¿Cómo voy a participar si en el centro de salud no puedes ni abrir la boca porque ya te van a diagnosticar las enfermedades a partir de lo que piensan que eres o vives? ¿Cómo voy a participar en la comunidad de vecinos si cuando los veo tengo que agachar la cabeza porque tengo facturas impagadas y las personas se sienten por encima de ti a la hora de tomar decisiones?¿Cómo voy a participar si el día diez o el cinco o el quince de cada mes no queda nada, vamos al supermercado y lo que tenemos, siempre, es un guarda de seguridad que nos persigue pensando que lo único que podemos hacer ahí es robar?
Este premio se está entregando a miles de personas y familias, barrios enteros que crecen pensando que la participación es algo para otras personas, el eslogan de una ONG o de un programa de un ministerio.
Este premio está dirigido a todas esas personas que ni tan siquiera ATD Cuarto Mundo conoce pero que viven pensando que no son merecedoras de ningún cambio, que terminan por creer que son el problema y no parte de la solución. Porque para nosotras está claro, la pobreza es algo creado y afecta a muchas personas que tienen que sufrir con las consecuencias. Las personas que la viven no la han creado, la sufren y resisten como pueden cada día a todo lo que conlleva.
Nuestro colectivo lo que ofrece principalmente es contribuir o sumarse a una lucha. Es pasar de la resistencia a la lucha. La resistencia es casi instintiva, y es individual aunque se viva con otras personas, es limitada, se adapta a las miserias que vivimos. Resistir es llegar ante la trabajadora social y decirle lo que quiere oír para no crearte más problemas, para poder volver a tu realidad donde te sabes solucionar la vida y avanzar. Pero en ATD Cuarto Mundo lo que se ofrece, lo que se busca, es pasar a algo colectivo, una transformación con historia y con frutos, donde puedes ser tú misma y buscar en tu experiencia y con la de las demás personas. Es una lucha por la dignidad, por los derechos, por el reconocimiento, por la historia, por contribuir, por hacer que lo que yo sé, la experiencia que tengo sirva para el cambio, para cambiarme, para cambiar mi situación, pero sobre todo para cambiar la sociedad y su funcionamiento.
El problema de la pobreza es de toda la sociedad, es toda la sociedad la que lo ha creado y quien tiene que cambiar. Si cuando hablamos de la pobreza solo ponemos bajo el foco a la persona pobre, o muchas veces ni eso, solo ponemos los problemas y consecuencias generados por la situación de pobreza, pero sin ni tan siquiera ver a la persona… ¿Qué pretendemos que cambie?
Cuando se le ven las ojeras a las personas pobres la mayoría de las veces ya se ha juzgado de donde vienen: “ha estado sin dormir, vaya homenaje se ha dado”. Muchas veces no se da tiempo para ver y entender el dolor, el cansancio, ver que esa misma persona se ha ido a chatarrear o a buscarse la vida, a llevar los niños al cole, a hacer mil cosas… y por lo tanto no se ve el sufrimiento y la desesperación. ¿Cómo podemos desde esa oscuridad ver la evolución, todo el campo de posibilidades de lo que puedo hacer y ser? Nuestra lucha es una lucha colectiva, donde todas las personas están obligadas a cambiar si queremos que la sociedad salga de su ignorancia y de la oscuridad desde la que entiende la pobreza.
Nuestra propuesta de lucha es una lucha compartida. En todos los espacios de nuestra acción hay personas con diferentes experiencias y realidades, hay médicas, planchadoras, trabajadoras sociales, personas que chatarrean, peones de miles de cosas, estudiantes, personas expulsadas de la escuela. Normalmente cuando se habla de la pobreza parece que ahí solo está la persona pobre, pero antes hemos hablado del parque, del súper, del centro de salud, de servicios sociales, de las escuelas… y ahí hay muchos agentes responsables de que la cosa cambie. En nuestros espacios hay muchas personas diferentes, agentes de cambio en distintas realidades que aprenden y se posicionan para no mirar a otro lado, para mirar donde miran las personas pobres, con ambición y posibilidad, para que la vida digna sea posible.
Y el primer espacio de lucha compartida es la vida diaria de las familias y personas excluidas. Es el barrio, la calle, pequeñas propuestas de cambio en lo cotidiano, pequeños espacios de escucha, de resolución de conflictos, de propuestas y de formación. Espacios donde cada persona puede mostrarse libre de juicios, sin tener que decir lo que otras personas quieren oír. Donde no se tiene poder sobre las vidas de las demás personas. Espacios en los que al final cada persona se abre a escuchar y cambiar. Espacios en los que muchas personas tenemos que desaprender lo que creíamos conocer. Y esto es muy importante. Porque muchas veces hay personas que te quieren ayudar y te ponen en el papel de víctima; que te quieren ayudar y te ponen encima el peso de todo lo que has vivido… y no, no me pongas el estigma. Si yo ya me encuentro con la cabeza alta no me hagas empequeñecerme. Hay que desaprender porque la sociedad ignora mucho o casi todo de la pobreza. Porque cada día recibimos muchas soluciones de personas que las han recibido de un manual. Y por eso no echamos una beca, o no aprovechamos el comedor escolar, o no vamos a muchos sitios porque al final lo que queremos es ser el motor de nuestras vidas, no funcionar a base de empujones. Necesitamos aprender juntas cómo las personas tienen todas las posibilidades que hay a su alcance, tienen abiertos todos los horizontes. Y esto muchas veces solo se puede hacer repartiendo de cero. Si no han funcionado los planes, si no han funcionado los parches, si no han funcionado las políticas, habrá que empezar de nuevo, conjuntamente, colectivamente.
ATD Cuarto Mundo recoge la resistencia de las personas más pobres a ser humilladas, a ser tratadas como inferiores, e intenta convertirlo en lucha. Es una lucha de miles de personas en el mundo desde 1956 y desde hace treinta años en Madrid. Cuando nos reconocéis con este premio reconocéis a un colectivo de personas que se cuestionan y que salen de su zona de confort para encontrar soluciones comunes.»