Seguimos en campana de financiación colectiva de nuestro proyecto  Vida digna para tod@s: enredando iniciativas, entrando ya en la recta final de la primera fase. Un proyecto que buscan tender puentes entre los esfuerzos transformadores de quienes viven en la pobreza (que aunque no sean reconocidos, existen de manera muy concreta) y los del resto de la sociedad.

Para explicar mejor el proyecto, acá va una reflexión sobre por qué nos parece esencial trabajar para promover el protagonismo de quiénes sufren la pobreza en la lucha contra esta.

Los mil rostros de la pobreza

Site_080513_UP_IDF_10_-d0b72“Lo más terrible de vivir en la miseria es el desprecio, que te traten como si no valieras nada, que te miren con asco, con miedo y hasta que te traten como a un enemigo. Nosotros y nuestros hijos vivimos eso a diario, eso nos hace daño, nos humilla y nos hace vivir con miedo y vergüenza”. Así explicaba una persona que ha vivido siempre en condiciones muy difíciles lo que es la pobreza. Un compañero suyo remataba la explicación así: “Es como si para ellos no fuéramos seres humanos”.

Mucho se ha simplificado la realidad de la extrema pobreza, a menudo descrita únicamente en términos de carencia de alimentos, de ingresos, de alojamiento, de saber. Pero cuando se establece una escucha atenta y nos ponemos en situación de comprender y aprender a partir de quienes la viven, emerge otra realidad: la de una multitud de violencias sufridas al mismo tiempo que se niegan los derechos fundamentales: “Nuestras vidas están hechas de violencias”.

Así, ser pobre es vivir en una inseguridad y precariedad permanente que rompe las relaciones.

 “Cuando uno es pobre, no sabe nunca si va a ser capaz de pagar el alquiler, si va a ser capaz de pagar la electricidad, la comida y todo lo demás. Además, la falta de dinero genera todo tipo de reproches y conflictos en la familia, y mucha tensión”.

Ser pobre es también sentirte cosificado, encerrado en un rol que niega tus capacidades.

«Que las personas nos falten al respeto llamándonos por nombres tipo “caso social”, “mala madre”, “incapaz”, “buena para nada”, da testimonio de que nos están juzgando y de un desconocimiento de nuestra realidad”.

“Te dan una ayuda que está llena de condiciones, es como que no confían en que puedes llevar tu casa y tus hijos. No se fían de nosotros porque somos pobres”.

Ser pobre es verte dominado por el miedo a perder lo que sientes como más valioso.

“Tienes miedo  por  muchas cosas,  y entonces no expresas lo que sientes,  por miedo a lo que te pueda pasar, por ejemplo que te quiten a tus hijos”.

Ser pobre es, en resumen, verte anulado, bloqueado en un esfuerzo que no consigue ir más allá de la mera supervivencia, lo que acaba minando tu capacidad de creer que es posible hacer frente a la injusticia que se sufre.

“Creo que lo peor de la pobreza es la pérdida de esperanza. Cada mañana cuando te levantas, es siempre lo mismo: no saber de dónde vendrá la comida de hoy, ver a tus hijos con hambre y sin posibilidad de hacer nada para remediarlo. Y cuando llega el día siguiente, todo vuelve a empezar…  No hay esperanza al final del túnel”

¿Cómo luchar entonces contra la pobreza? Lo primero es partir del convencimiento de que “quienes viven en la pobreza son capaces de opinar, hablar, pensar, tener proyectos, levantarse, comprometerse, capaces de encontrar a otros y trabajar juntos”. Esta es la base que nos puede permitir luchar junto con ellos, y así conseguir llevar nuestro compromiso lo más lejos posible. Es fundamental contar con su saber y  experiencia, junto con otros saberes ya reconocidos, como el profesional, el universitario, etc. De esta manera, luchando “con” quienes sufren la pobreza, podremos abordar el reto no sólo de erradicarla, sino también el de buscar juntos respuestas a los diferentes desafíos que afrontamos como sociedad, sin dejar a nadie fuera.