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Pobreza extrema, participación y acceso a los derechos fundamentales para todas las personas

Es tiempo ahora de elecciones, en el que llueven propuestas y soluciones, y en el que, aunque no ocupa un espacio preponderante, algo se habla de pobreza. ¿Pero alguien se ha detenido a pensar en cómo hacer para que quienes viven en condiciones más difíciles puedan de verdad sentirse parte activa de nuestra sociedad? Más allá de si votan o no votan, ¿cómo hacerles copartícipes del reto de avanzar hacia una manera de funcionar más igualitaria y democrática? Os presentamos un documento en tres partes para reflexionar este tema. Acá la primera…

“Cuando vives en la pobreza, ¡Te sientes como si fueras un refugiado en tu propio país!”
Señor E., Madrid.

Ser expulsado, con toda su familia, del lugar en el que se ha vivido desde hace años y no tener posibilidad alguna de acceder a otra vivienda…

Ser alejado de sus hijos por las consecuencias de la miseria en que se vive desde la infancia…

Salir de la escuela sin poder leer y escribir, sin acceso a una formación profesional, sin la posibilidad de encontrar un trabajo reconocido y protegido…

Ser dependiente de la buena voluntad de los demás y de las instituciones, estar sometido a las decisiones que otros tomen respecto a vuestra propia vida…

Haber sido humillado en la escuela, después en el trabajo, tener el sentimiento de no contar para nada y de ser olvidado por la sociedad en que se vive…

No ser tomado en cuenta para aportar la propia experiencia y observación, no ser asociado a los proyectos de la comunidad a la que se pertenece…

¿No son todo esto violaciones de los Derechos Humanos?

Nuestra sociedad sigue sin saber aún garantizar el respeto a los derechos fundamentales de todos los seres humanos que viven en ella. ¿Por qué?  Una de las principales razones es que se construye, se piensa, se organiza sin tomar en cuenta a todos sus habitantes, dejando al margen a los más pobres. Se hace sin solicitar la contribución de los hombres y mujeres que, sin embargo, son quienes mejor pueden mostrar los caminos del respeto, de la dignidad y de los derechos fundamentales para todos porque a ellos más que a nadie se les ha privado de estos derechos.

No se trata de “ayudar a los pobres”, o de permitirles sobrevivir un poco mejor. No, se trata de reconocerles personas entre las demás, se trata de darles la posibilidad de acceder a los derechos universales, de contribuir con su experiencia y sus observaciones, con su aportación, de ser ciudadanos de pleno derecho. De esto es de lo que hablamos cuando decimos “participación”.

El mundo continúa haciéndose y pensándose sin que las situaciones que viven los más pobres y las personas que las viven sean un punto de referencia primordial para reflexionar sobre el desarrollo de nuestra sociedad. El mundo continúa haciéndose y pensándose sin que los más pobres sean seriamente asociados para la construcción de relaciones más justas. Muchos grupos sufren en numerosos países por esta falta de participación y de democracia. Pero lo más grave para el desarrollo de nuestras sociedades y para los más pobres es la falta de participación sistemática de estos en la vida democrática de nuestras sociedades.  Y eso, a pesar de que muchas corrientes actuales tengan por objetivo promover la democracia participativa.

Creemos que es indispensable contar con la participación de las personas en situación de pobreza extrema, pero ¿bajo qué condiciones se puede obtener y cuáles son sus efectos?

La participación supone considerar a las personas en situación de pobreza como interlocutores verdaderos e indispensables. Hay que superar numerosos obstáculos para que esta cooperación sea posible y útil, para que no se trate de una coartada que sirve para tranquilizar las conciencias de las instituciones y asociaciones.

Incorporarse casualmente o en el último momento en el transcurso de una discusión, sin haber preparado nada, sin entender los términos empleados ni lo que está en juego en la discusión y sin que la aportación que se va a hacer esté prevista, evidentemente no es lo mismo que aportar una contribución preparada con anticipación ayudado por los demás, habiendo dispuesto de los medios para entender el tema de la discusión y conocer la identidad de los demás participantes, sabiendo que esta participación podrá contribuir al avance de la reflexión o a la toma de decisiones. Por tanto es necesario precisar de qué tipo de participación estamos hablando.

Participar es, antes que nada, ser actor de su vida, pero es también tener el sentimiento y la posibilidad de contribuir a la vida de la sociedad en que se vive. Las personas en pobreza extrema expresan a menudo el sentimiento de estar condenadas a “ver la vida pasar”, sin poder aportar algo, sin poder actuar en los sucesos que les conciernen, sin que su opinión y su contribución estén previstas.

Si la participación de las personas desfavorecidas resulta seria y verdadera, ésta no puede hacer otra cosa que cuestionar la manera en que funcionan nuestras sociedades. No puede más que cuestionar profundamente la visión del mundo de todos aquellos que no saben lo que es la pobreza. Una contribución verdadera de las personas en situación de pobreza y de exclusión, provoca cambios en la actitud y compromisos de todos los ciudadanos, en el ejercicio de los profesionales y de sus instituciones, en las políticas…

Cuando las personas en situación de mayor dificultad están alrededor de la mesa y son escuchadas, no podemos decir que una tasa de paro de un 5 a un 6% sería aceptable,  ni podemos hablar de las familias muy pobres como de familias sin proyectos, ni considerar como aceptable un mundo basado en una competencia que aplasta a los más débiles… Tomar en serio la experiencia, la palabra y el pensamiento de las personas en pobreza extrema nos obliga a cuestionarnos sobre el destino de cada niño, de cada joven, de cada ser humano.  Es decir, buscar juntos los medios para conseguir un acceso efectivo y sin excepción a los derechos fundamentales para todos.

No obstante, sería muy limitado creer que las personas en situación de pobreza no deben ser consultadas más que para los aspectos que les conciernen directamente, y en particular sobre las políticas de lucha contra la pobreza. Desde luego que es indispensable, pero las personas en situación de pobreza aspiran a ser consideradas como todos las demás. Quieren participar en todos los aspectos de la vida sin excepción y poder aportar su contribución a partir de sus experiencias y pensamientos.

(continuará…)

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