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Pobreza extrema, participación y acceso a los derechos fundamentales para todas las personas (II) – Obstáculos a superar

Seguimos compartiendo nuestra reflexión sobre las claves para hacer posible una verdadera participación política y ciudadana de quienes viven en pobreza. Ahora toca hablar de las dificultades y barreras que es necesario superar para que esta sea posible…

(ver entrada previa)

1391304167vzmobPodemos estar convencidos de la importancia que tiene la participación de las personas en situación de pobreza e intentar crear las ocasiones para que ésta sea efectiva, pero aun así no obtener los resultados deseados. En efecto, hay numerosos obstáculos para obtener esta participación, obstáculos que son el resultado de la forma en que nuestras sociedades consideran a las poblaciones pobres y de la inseguridad en la que estas poblaciones están obligadas a vivir.

Ser consciente de estos obstáculos y tomarlos en cuenta es indispensable para intentar superarlos y suscitar una gran movilización destinada a crear las condiciones para obtener una participación real, que sea de utilidad para todos y especialmente para las mismas personas muy pobres.

1.- Una población socorrida pero mal conocida y de la que no se espera nada

     a) Una población poco conocida

Vivir en la pobreza es encontrarse fuera del entorno de los demás en cuanto al medio, el trabajo, la escuela y la formación, pero también en cuanto a la estructura administrativa de la que se depende. ¿Qué es lo que viven exactamente las personas y familias en situación de pobreza? ¿Cómo hacen para enfrentar las dificultades? ¿Qué intentan construir contra viento y marea? Poca gente lo sabe. Muchos profesionales de la enseñanza, del alojamiento, de la justicia, de la protección de la infancia… no tienen más que vagas nociones de lo que es la vida de las personas con quienes tratan. Este es igualmente el caso de muchos representantes políticos e institucionales, pero también el de responsables a nivel económico, sindical o religioso. Es difícil entablar relaciones y dialogar con personas que no conocemos, con quienes no compartimos experiencias ni referencias y cuya lógica y motivaciones nos parecen incomprensibles.

     b) Entre respuestas que implican la asistencia y comprometen la libertad (y de las que nadie está satisfecho) y la búsqueda de la eficacia

1363479323nntzuLa asistencia como respuesta vuelve a las personas que deben recurrir a ella dependientes de la buena voluntad de los demás. Les va encerrando poco a poco y reduce peligrosamente su libertad. Todas las personas en situación de pobreza se quejan de esta dependencia que las obliga a extenderse permanentemente en los aspectos más íntimos de su vida con los demás, ya sean profesionales o voluntarios de asociaciones caritativas. Esta es una situación muy grave ya que es imposible dialogar de igual a igual con personas de quienes depende la propia supervivencia, la obtención de un alojamiento o la retirada de la custodia de un hijo. La energía que deben desplegar los más pobres para beneficiarse de las diferentes medidas de asistencia, acapara sus vidas y les impide invertir en proyectos para su porvenir en lo referente a la formación, el trabajo, la vida cultural.

Si bien es cierto que la asistencia se justifica en las situaciones de urgencia, su duración y su institucionalización no responden ni a las expectativas de los muy pobres ni a las de nuestras sociedades. La asistencia es un obstáculo para la ciudadanía de aquellos que dependen de ella y pone en riesgo la vida democrática de todos.

     c) Opiniones precipitadas

Aunque los seres humanos estén dispuestos a ayudar a las personas en desgracia, esto no les impide opinar sobre las personas a quienes ayudan. Esto es lo que pasa con las personas en situación de pobreza extrema, que son juzgadas a menudo con severidad por quienes las rodean y por los servicios a los que recurren.

Juzgadas a la ligera, sin tomar los medios para entender bien su situación, y dejadas de lado, las personas que viven en la pobreza extrema pierden confianza en las personas e instituciones que las rodean. Desarrollan una visión negativa de estas instituciones así como de los profesionales encargados de apoyarlas, una visión que es a menudo injusta y que no favorece el diálogo. Esta incomprensión recíproca es el fruto de toda una historia de exclusión.

     d) Personas de quienes no se espera su contribución

De hecho, el juzgar a personas y familias que no conocemos bien, el enfoque de asistencia que predomina en la forma en que se les trata… Todo esto lleva a nuestras sociedades a tener pocas o ninguna expectativa en lo que a los muy pobres se refiere. Hablamos aquí del obstáculo más grande para su participación. Lo inesperado de su contribución en la vida social, económica, política, cultural, espiritual… no alienta ni a los mismos pobres ni a las instituciones que tienen la finalidad de suscitar su participación y hacerla posible.

Nos acostumbramos a la ausencia de las personas que viven en la pobreza extrema en las reflexiones, nos acostumbramos también a hablar por ellas, privándonos así de su aportación tan especial como necesaria. Esto es una realidad a nivel de las instituciones políticas, pero también en las instancias de la sociedad civil. Esta última no se moviliza lo suficiente para dar su lugar a los miembros más desfavorecidos y exigir que sean tomados en cuenta.

De este modo, las personas que viven en la pobreza se acostumbran a no expresar lo que piensan en realidad, a no hablar de sus proyectos para su porvenir ni de los apoyos que fomentan entre ellas.

2.- Muchas inseguridades que superar

Para entender el enorme esfuerzo que los muy pobres deben hacer para participar, hay que entender bien primero hasta qué punto su vida misma es un obstáculo para esta participación. También hay que darse cuenta de que no se trata de casos aislados, sino que es todo un pueblo el que vive en estas condiciones, heredando una historia colectiva de exclusión que va destruyendo paulatinamente la confianza en sí mismo y volviendo frágiles las relaciones.

     a) Emplear la energía en sobrevivir

Vivir en la pobreza extrema es tener una inseguridad en cada instante: ¿Cómo hacer para comer esa noche o al día siguiente? ¿A dónde ir para obtener un paquete de comida? ¿Qué hacer ante la amenaza de desahucio? ¿Se puede acudir al servicio social para pedir ayuda sin que esto ponga en peligro la integridad de la familia? ¿Cómo responder a las peticiones de los hijos o a las de sus escuelas? La energía de las personas y familias que conocen esta inseguridad es absorbida completamente por todas las obligaciones que tienen y desgastada por las múltiples preocupaciones.

Para responder a las exigencias de los diferentes servicios, obtener lo que les corresponde y, mientras tanto, buscar la ayuda que les es indispensable en amigos y asociaciones, las personas en situación de pobreza deben pasar una gran parte de su tiempo haciendo múltiples tareas que afectan a su salud y que, muy a menudo, las desmoralizan porque no son bien recibidas o porque no obtienen respuesta a sus peticiones.

     b) Oponerse a la asistencia y a las decisiones impuestas

Contrariamente a lo que muchos piensan, las personas en situación de pobreza no están satisfechas con la situación en la que viven. No aceptan la dependencia, ellas quisieran, como todos los demás, vivir de su trabajo y/o de las subvenciones que les corresponden, decidir lo que quieren hacer con sus vidas, asegurar un mejor porvenir para sus hijos. Pero a menudo no es así. Estas personas se ven obligadas a mendigar ayuda para sobrevivir, a aceptar las medidas que los servicios sociales y la justicia les imponen, muchas veces sin que puedan opinar.

  1. Superar el miedo y la vergüenza

Cuando vives en una chabola, en invierno tu ropa no se seca nunca. Por eso tu ropa huele a moho, hasta tu persona huele a moho. Lo sabes y prefieres no acercarte a los demás.”

Señora S., España.

Vivir en la pobreza es, muy a menudo, no tener educación básica y poca o ninguna formación escolar o profesional. Para muchos jóvenes y adultos de Europa, es no poder leer o escribir fácilmente. Esta falta de formación crea muchas dificultades en la vida cotidiana y perjudica todo tipo de relaciones.

Es la sociedad en su conjunto la que debe movilizarse para crear el diálogo y para darles a las personas que viven en la pobreza extrema la oportunidad de participar, ya que ciertamente la buena voluntad individual es indispensable, pero no es suficiente.

(Continuará… Con propuestas sobre las condiciones que pueden permitir la participación, todo llegará…)

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